jueves, 19 de abril de 2012

“De víctimas a victimarios”

En la sociedad existen diferentes roles, cada persona desempeña uno distinto y tiene su “lugar”, por decirlo de alguna manera. Con frecuencia se suele creer que se conoce bien el rol que desempeña el otro, más aun cuando ese otro juega un rol tan sencillo o indefenso, pero a la vez importante como ser niño.
Pero que es lo que hay realmente detrás de ese otro y quien es, es lo verdaderamente trascendente, porque aunque existan edades y grupos sociales ya establecidos, cada uno de los otros, es diferente.
La delincuencia juvenil, es principalmente un fenómeno social que se escuda tras la tarjeta de identidad y los beneficios que ella acarrea… niños que se han dedicado a la delincuencia como un estilo de vida, como una supuesta “forma de subsistencia”, simple y llanamente por que la ley los protege.
Existen muchas justificaciones, o más bien abundantes motivos que se convierten finalmente en excusas para defender las inaceptables acciones de muchos menores de edad, el maltrato en su infancia, la falta de autoridad en sus vidas, condiciones de pobreza para vivir… todo se ha convertido en un “escudo protector”.
Con tantas excusas, circunstancias y la sobre protectora ley con la que contamos, la difícil situación actual se complica aún más, si nada cambia, ellos fácilmente van a continuar delinquiendo y harán más grande la problemática que enfrentamos, que no da más espera y que reclutando niños en el ICBF, definitivamente no se va a solucionar. No se trata de dar “mano dura” como muchos dirían sino de reconocer que todos debemos afrontar las consecuencias de nuestros actos, por que del mismo modo que un menor tiene la capacidad de acuchillar a alguien, de robar, inclusive de matar, debe asumir también la presión que ejercen un par de esposas a la hora de una captura y la privación de la libertad, si fuera necesario, por los crímenes cometidos.
Claro, que para lograr que los niños o menores de edad sean verdaderamente judicializados y de un forma que genere correctivos, tenemos que empezar a judicializar acertadamente también a los adultos, porque si muchas de las cárceles  aparentemente son estrictas y bastante disciplinadas, adentro algunos viven como en el más lujoso hotel; y cómo pretendemos entonces generar reformas para los menores de edad que se han dedicado a delinquir bajo la protección de la ley y de la encubridora tarjeta de identidad, aún hay muchos detalles y errores por corregir, antes de llegar a una solución para aquellos “pequeños inconvenientes”.

martes, 20 de marzo de 2012

Las esferas del mundo

La revolución contemporánea, con sus acelerados crecimientos e innovaciones, sus dinámicas creaciones y lo versátil de sus significados, ha arrastrado consigo cambios abismales, no sólo por la cantidad de artefactos, lugares, estilos de vida, costumbres y perspectivas que ahora se pueden tener, sino por las diferencias inclusive en cada una de las vidas que significa la espiral del desarrollo y de los cambios sociales a lo largo de la historia.

Que los conceptos se estén delimitando en otros espacios diferentes y bajo otras medidas es si acaso apenas una advertencia de todo lo que podría suceder entonces en una sociedad ambiciosa, competente y que al parecer ya no respeta los límites de lo que privado, y lo que definitivamente no lo es.

Tal vez sea muy subjetivo y sobre todo pretencioso querer generar una definición y unas demarcaciones para lo que es privado y lo que es público, por que es finalmente cada ser humano quien marca, o debe marcar los límites de su propia privacidad; y quien determina en que momento específico se exhibe en lo público, o se encuentra por fuera de la esfera privada.

Pero la pregunta real es: ¿en qué momento de la existencia esa esfera privada comenzó a carecer de la importancia y respeto que solía tener en otros tiempos anteriores? Fue quizás en la transformación de una sociedad limitante, concreta y con más “criterio”, a una sociedad más permisiva, menos exigente en cuanto a acato se refiere y sobre todo ambiciosa y sedienta de reconocimiento, recordación y visibilidad.

Pueden ser muchas las causas y los motivos para que cada vez se desvanezca más la, ahora, corta línea que separa lo privado de lo público, pero lo que si es evidente es que si antiguamente la esfera pública era un espacio que claramente permitía una aparición…ahora la ambición de aparecer y ser visible en otros espacios, que van mucho más allá de lo privado ha ido acabando con la relevancia  de lo que es lo personal.

La sociedad comercial en la que hoy nos encontramos, parece también desconocer el significado de lo público y lo privado y se ha encargado de que ninguno preste atención siquiera a estas palabras, desechando todo lo que pueden encerrar en su significado; e irónicamente reclamando una privacidad, que desconocemos. En la modernidad lo privado es tratado no sólo como un espacio sino como un derecho exigible y que merece ser respetado, pero más bien se trata de “la capacidad de controlar las revelaciones sobre uno mismo”.

Pero cómo es que se reclama y se exige algo que ni siquiera por voluntad propia se pretende, cómo pedir derecho a la privacidad, cuando son las mismas personas quienes se encargan de divulgar sus intimidades y de exhibirse al mundo en busca de un “reconocimiento” social.

Lo privado más allá de un derecho es una capacidad que cada cuál tiene, y simplemente se aprovecha o no se usa siquiera. Por su parte lo público siempre ha sido ese espacio de la visibilidad, sólo que ahora ha alcanzado un auge y necesidad que de seguro antes, era inimaginable. Lo público seguirá siendo ese sitio al que cada cuál accede y se entrega según su necesidad y conveniencia, olvidando a veces también su capacidad y necesidad de proteger su espacio privado.

De que tan desdibujado o no se encuentren los términos de lo privado y lo público en nuestras vidas depende nuestra calidad de vida social, política y personal. Porque es evidente que lo que se encuentra en  la esfera de lo público se encuentra estrechamente relacionado con la política, o podríamos llamarla también esfera política, por que en sí encierra otro mundo de exhibiciones, competencias y luchas por el reconocimiento y respeto de “los otros”, esos que por no pertenecer a un mundo político tienen un agrado de inferioridad (otorgado por la subyugación de ellos mismos).

La influencia de la que he llamado “esfera política” continua afectando diferentes ámbitos de la vida, lo cultural, lo social, incluso la misma vida privada; es todo un eje central dentro de la sociedad, todo un sistema poderoso que soborna, maneja y manipula a su antojo la vida de los demás.

Hasta que punto será necesario sacrificar la privacidad e intimidad para alcanzar un bienestar social, una estabilidad, seguridad, y una supuesta tranquilidad y felicidad, acompañada de el anhelado reconocimiento y realización como personas y profesionales; aun cuando en muchos casos esta realización sea meramente comprada y no ganada sólo por los méritos del trabajo y del talento propio.

Es de suma importancia analizar que tanto estaríamos dispuestos a hacer por sacar adelante nuestra vida profesional, que tan relevante es para nosotros ese reconocimiento que para algunas personas es la razón de la vida misma y que tanto respeto tengo yo, que capacidad poseo para delimitar mi privacidad, haciéndola verdaderamente parte de lo íntimo y teniendo el criterio suficiente para determinar que es lo que debe ir en la esfera pública y cuales son mis alcances en ella.

Son dos extremos que nos ofrecen un actuar, una “personalidad”, pero que más allá de la existencia de opciones esta en nuestras manos la decisión determinante de direccionar nuestro actuar de la manera, que almenos nosotros creamos, es la correcta.




Bibliografía



  • Los límites cambiantes de la vida pública y la privada. John B. Thompson.
  • www.hispanidad.tripod.com Idea de hispanidad, Manuel García Morente. Vida privada y vida pública.
  • La vida de los otros. Florian Henckel.
  • www.religionenlibertad.com  Distinción entre vida pública y privada. José Gea.

jueves, 1 de marzo de 2012

¿Cómo buscan la comunicación y el periodismo la excelencia?





Todos los seres humanos a medida que crecen, se van formando y van encaminando su vida hacia un punto determinado, con el fin de llegar a una meta específica, a un proyecto de vida que se forma a través de los ideales que cada uno pretende alcanzar; ideales formados por esos anhelos familiares, académicos, sociales, espirituales, profesionales que cada uno tiene como plan de vida correcto, perfecto y con el que por supuesto se quiere llegar a la excelencia.
Antes de pensar en alcanzar la excelencia como comunicador o como periodista, se hace necesario pensar en la excelencia como persona, como ser humano; no es coherente que exista un excelente periodista que no sea una buena persona, es como si hubiese un gran atleta que no supiera caminar bien. Es decir, una cosa lleva a la otra, y para poder ser bueno en una profesión determinada, se debe conseguir primero ser buena persona, esta es la base, el inicio del camino de la excelencia y aún más en el caso de la comunicación y el periodismo, donde la forma de ser de las personas, su actitud, su sentido social, su amabilidad y su cercanía a la sociedad desempeñan un papel fundamenta, y por qué no, crucial.
Y viene el dilema de cómo ser una buena persona, para lograr entonces ser un excelente profesional, a lo largo de la vida las personas son educadas desde su núcleo familiar, educación que se complementa y se apoya en las instituciones académicas a las que luego se ingresa y en las que se avanza a medida que se crece y así mismo aumenta el conocimiento y el grado de dificultad de los temas a tratar; si, esto no parece suficiente, más allá de las matemáticas, el álgebra, las ciencias sociales, la lengua castellana, la religión, la ética y ese sinnúmero de asignaturas que se estudian a lo largo de la vida; pero es la vida misma, con sus experiencias, gratificaciones y dificultades la que trae consigo sus propias enseñanzas, las más valiosas, los otros saberes son apenas caminos que se toman para reforzar conocimientos y encaminar el proyecto de vida que cada uno desea llevar a cabo.
Recorrer la vida siempre atento, aprendiendo a escuchar a los demás, a pensar antes de hablar, a reconocer los errores con valentía y con ella misma levantarse para seguir el camino, comprender que todas las personas que nos rodean son un elemento importante en la vida y que por alguna razón se encuentran en donde están, identificándolas entonces como una herramienta que no sabemos en que momento puede ser útil para nuestro camino, son bases importantes para ser una buena persona y luego entonces poder ser un excelente comunicador periodista.
La comunicación y el periodismo son más que una profesión, una pasión, que genera la necesidad de estar cerca de la sociedad, trabajar con ella y para ella; muy teóricamente podríamos referirnos a la comunicación como el proceso mediante el cual se transmite y se intercambia información, y al periodismo podríamos definirlo como la actividad que recolecta y publica datos acerca de la actualidad; pero toda esta teoría va más allá, y aunque es muy importante comprenderla, llevarla a cabo requiere de pasión, de compromiso y de mucha responsabilidad.
Ser comunicador periodista no se reduce sólo a estar en constante contacto con la sociedad, a escribir la actualidad y publicarla en los diferentes medios de comunicación existentes; ejercer esta labor, de hecho, es otra, muy valiosa escuela de la vida, una labor que aunque requiere de unas bases académicas, en su diario vivir continúa enseñándonos y también formándonos como personas.
La tarea de los comunicadores periodistas es ante todo sentirse parte de esta sociedad, tomársela muy enserio y como se dice vulgarmente “muy a pecho”, sin sentido social suficiente esta labor no tendría sentido, pues es nuestra razón de ser la sociedad y la verdad. Saber que es lo que sucede minuto a minuto, cuál es la verdad de los hechos, cómo nos afectan estos, y estudiar la mejor manera de contárselo al mundo es nuestro compromiso principal.
Es llamada profesión, aunque prefiero reconocer la comunicación y el periodismo como un estilo de vida, que hace mejores personas en el sentido en que concede la oportunidad de conocer más a fondo el mundo, y participar abiertamente de él; por que si bien existen muchos inconvenientes políticos y sociales que interfieren en esta labor, no está prohibido investigar, leer, estudiar y analizar el mundo en el que nos encontramos (también funciones de esta labor).
No existe un reglamento obligatorio a cumplir para ser calificados como excelentes en nuestra profesión pero recordar que nuestra prioridad es informar siempre con la verdad, investigar a fondo cada tema que pueda interesar a la sociedad y darlo a conocer de la mejor manera posible, siendo eficaces, eficientes y oportunos es muy importante.
La comunicación y el periodismo son maestros, que para llegar a la excelencia, no permiten la monotonía ni el automatismo, ya que esta es una labor que se hace nueva día a día con cada suceso que enfrentamos, es algo así como estrenar trabajo a diario, por que cada amanecer trae noticias nuevas y una sociedad entera por descubrir.
24 horas al día, siete días a la semana y 365 días al año, es una ocupación verdaderamente ardua, que no espera hasta mañana, ni da tregua al sol, es de ahora mismo y siempre, este es otro de los retos que determinarán nuestra excelencia en la profesión; estar siempre de lleno desempeñando el papel de comunicadores periodistas, en busca además de la verdad del mejoramiento continuo en nuestras tareas. Por que finalmente la excelencia no está exenta de las equivocaciones, pero si del desfallecimiento.